lo esencial es invisible a los ojos

Estás

En los árboles altos,
en los tejados deshabitados,
en el muro donde choca el mar,
en la carretera empapada,
en la música que cierra mis ojos
en las yemas de mis dedos (dormidas y gastadas de caricias),
en el viento que desnuda mi cuello,
en el sol rojizo de mi ventana,
en los pies que llegan y se descalzan,
en las noches que hago largas de miradas fijas en el cielo,
en los huecos de mis manos sin las tuyas,
en el reflejo de mi cuerpo sin tu espalda en el cristal...
Te siento
Sonrío
Te tengo.


Al final del arcoiris

Aquí no corre el tiempo tras la prisa,
jamás se ven pasar las mismas golondrinas,
aquí no sale el sol, pues no se oculta

No tengo que gritar para que escuches
ni tocarte la cara para que me sientas
si me notas perdida la mirada
es que ahora te miro con el alma

Te esperaré en la última página del libro
a media tarde urgente de cariño
Te esperaré en la altura sublime del silencio
para hacerte el amor en una nube
en una nube al final del arco iris
No tienes que seguir estando triste
sólo me puse alas y me fui volando a las estrellas
Y si me notas perdida la mirada
es que ahora te miro con el alma

Te esperaré en la ultima página del libro
a media tarde urgente de cariño

Te esperaré en la altura sublime del silencio
Para hacerte el amor en una nube
En una nube al final...
en una nube
En una nube al final... del arco iris

Ricardo Montaner



Busco un cruce de caminos

Pies mojados, blancos, de este suelo de hielo, de nieve, duro, resbaladizo, desierto…
Mejillas tostadas de mirar al sol
Párpados rosados y pesados cuando cae la tarde

Sentada con un libro sobre las rodillas cuando tenía diez años, todo era más sencillo
Elegir el transcurso de la historia y su final…

El final número uno, me llevaba a adentrarme en la aventura de cabalgar sobre dragones gigantes, con alas transparentes y suaves.
Volar sobre la ciudad e iluminarla con el fuego de sus suspiros.
Recogerte en tu ventana para llevarte fuera de esta bola terráquea, abrazarte…y flotar.

El final número dos, me ofrecía unos pies incansables, unas manos insaciables y una voz poeta que te susurraba al oído, mientras abrías tus brazos plenamente, donde yo me acomodaba ligeramente, donde acariciabas mi pelo y mis sienes, hasta quedar dormida, sobre ti

La última página me dejaba una sonrisa ancha, unos ojos brillantes y un cuerpo ágil lleno de vida, inquieto, que no paraba de nombrarte…

Avanzo, paso a paso, (aún conservo los pies incansables) y a pesar del frío que piso, que palpo, que siento, busco un cruce de caminos que huela a ti, para encontrarte..
Mientras tanto, y sin detenerme, te dibujo, te canto, te recito, te pienso
Bajo un almendro donde impaciente me esperas, te sueño…

Te huelo…¿ Te encuentro?


Me quedo

Este viento me ha desnudado la impaciencia de la sangre
que no amarga pero endulza, que no sacia pero alivia..
Me transformo lentamente en la luciérnaga de las noches sin luna…
Tumbo al viento que intenta volcarme,
Anclo los pies para quedarme…
Me quedo.
Soy caminante que camina de puntillas…
De puntillas en los pasos que no hacen ruido
De puntillas te bailo y sonrío y te miro…

De puntillas me detengo ante tu alma…

(El desperezar de tu mano y tu boca aún dormidas se me antojan tan dulces, que me paro en la parada de tu calma, de tu pecho, y de tus brazos, mi morada...)


Y el silencio deja de ser blanco

Camino buscando el sitio liso de las piedras bajo mis pies descalzos
Silenciosa, sin ti.
Tú me hablabas de los intensos colores de las rosas…

“El naranja para tu pelo, el malva para tu mejilla, el blanco para tu silencio…”


En el escalón de la fuente, sentada y con el agua salpicando mi espalda.
Leerte…


Ahora no me interrumpes con tu risa y paso las páginas de manera diferente...
Tus dedos ya no persiguen mariposas en el aire
Y has dejado de saltar, impaciente, las baldosas para besarme

Y lloro y grito, llamándote. Y me duelen los brazos de no abrazarte,
Y los ojos de no verte, y las sienes de soñarte
Y la voz de nombrarte

Y el silencio deja de ser blanco...



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